Organizar una competición continental supone entregar simultáneamente varios estadios homologados, campos de entrenamiento conformes y una capacidad hotelera dimensionada.
La experiencia de ediciones anteriores muestra que los recintos principales suelen ser prioritarios y se entregan. Son las instalaciones secundarias y las conexiones aéreas interiores las que concentran los retrasos.
La cuestión del uso posterior vuelve al debate público: mantener un recinto de gran capacidad es caro y los clubes residentes no siempre bastan para amortizarlo. La reconversión parcial en centros de formación es la vía más recurrente.
