El kit solar individual supuso un avance real: unas bombillas, la recarga de un teléfono, a veces un pequeño televisor, financiados a plazos.
Pero ese nivel de servicio no permite ningún uso productivo. Y es la actividad económica (moler cereal, conservar pescado, soldar, regar) la que hace duradera la electrificación, porque genera capacidad de pago.
La condición del consumo de base
Las minirredes de aldea responden a esa necesidad, con una condición: su rentabilidad depende de un consumo profesional de base identificado antes de la instalación; de lo contrario, los equipos quedan infrautilizados.
La cuestión tarifaria es políticamente sensible: el coste real del kilovatio hora producido localmente supera a menudo la tarifa nacional subvencionada.
